YOVANI MINA

- Productor de esperanza y 'guadolines' -

Ojalá haya una Colombia mejor donde no haya conflicto, donde todos podamos vivir en armonía. 

Ritmos agudos que provienen de un peculiar violín van montaña abajo y se mezclan con los vientos que vienen del Pacífico. Yovani Mina Patiño, un minero y violinista se resiste al conflicto armado en La Toma, una vereda enclavada en lo alto de la cordillera. 

Yovani Mina Patiño es un minero que viaja entre los acordes del violín y su labor como minero, entre una y otra actividad, él se resiste al conflicto.

Yovani nació en 1977, su familia siempre ha residido Buenos Aires, al norte del Cauca, a tan solo una hora y media de donde vive él. 

Para llegar a su casa primero hay que transportarse hasta Suárez y luego subir en jeep o en mototaxi, el recorrido dura al menos 20 minutos, pues vive montaña arriba, donde las casas se ven en lo alto de cresta y cresta, los verdes embadurnan el paisaje y el agua de la represa La Salvajina hacen de la vereda La Toma una postal inolvidable. 

Los suareños se dedican a la minería. Es normal ver cómo la gente de Suárez sube a las veredas para luego ir a las zonas de explotación minera a sacar oro. Pavas, sombreros, tulas con el almuerzo y lonas acompañan las mujeres y a sus hijos que van carretera arriba para una tarde laboriosa.  Yovani explotó oro desde muy niño:

— Desde que tenía siete años me he ido a buscar oro porque siempre se  hace por acá. Mi padre ha sido minero entonces esa la profesión que siempre he hecho.

Sin embargo, Yovani no siempre se ha dedicado a la búsqueda de ese metal precioso, también ha encontrado en la música una manera de vida:

— En este momento estoy trabajando con  los adultos mayores, pero son contratos espontáneos.

Los fines de semana en la plaza del pueblo —allá en Suárez— dicta clases de canto y música a adultos mayores y niños. Según él:

—El minero llega a la música generalmente  por las tradiciones que se vienen realizando acá.

En Suárez los bundes, fugas y torbellinos son géneros folclóricos típicos que adornan las fiestas que se hacen en diciembre y en mayo. Durante su niñez no amó lo que ahora ama: la música típica. Fue hasta su salida del colegio, a los 17 años, que se sintió atraído por la música o le gustaron los aires tradicionales, y con ese gusto fue que él se las ingenió para tener su propio violín.

  — Como no tenía la manera de comprar un violín, tonces dije voy a hacerme uno de guadua, y desde ahí empecé. 

Ese ‘guadolín’ como lo llama, lo ha llevado a vivir otra vida más allá que la del minero,  hace 20 años lo interpreta, con lo cual decidió dedicarse a la composición musical

  — Primero empecé a tocar y después a cantar, al principio no cantaba muy bien, pero en el tiempo uno va mejorando todo: la voz y la afinación que es lo más importante.

El sendero de la música lo ha llevado a tener un sentido social con la realidad y el contexto que le rodea, pero ese camino musical no lo ha recorrido como solista. El 11 de febrero de 2004 en la vereda Yolombó, cerca de Suárez, creó la agrupación musical Remolinos de Ovejas

— Mi agrupación se creó  para permear todas esas manifestaciones que hay en la región y luego difundirlas, además,  componer que canciones que dignifiquen, que sirvan, que nos ayudan a entender, a quedarnos en esta zona, que no nos vayamos a la ciudad, que tengamos resistencia ante las multinacionales y ante otro tipo de situaciones como el conflicto armado. Necesitamos hacer un poco de resistencia a eso.

El grupo de Yovani ha cambiado. No es el mismo de hace 15 años. De los 10 integrantes originales solo queda él y su esposa Carmen, que poco a poco le cogió amor a esa música. Ahora en el grupo hay un remolino de personajes: Yovani, el guadolinista; Carmen Juliana Lucumí, la voz del grupo; Julián Andrés Lucumí, el contrabajo,; Wilmar Balanta, Belisario González, el tambor; Tobias Lucumí  y Breidy Zuñiga, en los redoblantes.

Hacer música con ellos le ha permitido palear y contar los  sucesos vividos. Cuando tenía 35 años en 2012 los enfrentamientos entre el Estado y las Farc tenían al Cauca al rojo vivo. La Toma no era la excepción, según Yovani en el mes de noviembre toda la zona fue bombardeada con ‘tatucos’, cilindros de gas domiciliario adecuados para ser bombas.

 

— He sido víctima del conflicto armado, me tocó irme a Yolombó, a Cali, es más, no sé porque aquí en la zona hubo unas explosiones tiraron unos 'tatucos', todavía tengo en duda si fue realmente la guerrilla o fue el Ejército.

Ese hecho le robó la tranquilidad, así que se desplazó hasta Cali donde esperó que las cosas se calmaran. Los meses que estuvo allá le sirvieron para construir parte de su canción.

Precisamente el no tener una vida digna en la ciudad lo hizo regresar a su casa en la montaña. Sus hijos también fueron una motivación para volver. Junto a Carmen Juliana tienen dos: Fénix, de 15 años y Jorsjans, de 8 años. Al mayor no le atrae tanto la música, pero sí el deporte.  Quizá y el próximo Yerry Mina no sea de Guachené sino de La Toma, en pleno suroccidente caucano.

 

Mientras que a Jorsjans sí le interesa mucho la música, a sus ocho años ya toca varios instrumentos: guitarra, tiple, marimba, violín y contrabajo, pero tampoco parece ser muy distinto de su hermano.

Esa tarde mientras su padre hablaba, él llevaba su uniforme del América de Cali o la ‘mechita’, equipo vallecaucano. Sentados sobre una banca, obviamente hecha con guadua, Jorsjans, tímido con la palabra, pero poderoso con la melodía muestra lo hábil que es con el tiple. 

En el Cauca vale más un acorde musical que un gramo de oro, la gente se reúne alrededor de la música y aunque azotados por el conflicto, siguen ahí, entre ventiscas, 'guadolines' y muchos verdes. En La Toma hay una mina muy valiosa, una de resistencias y un Mina que pide:

¡Ay Colombia no puedes seguir asi!

Yo solo quiero ser feliz

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Para Yovani enseñarles música a sus hijos, es un regalo  y una ayuda en el campo que tanto le gusta estar:

—A mí me ha ayudado para estar aquí en la zona, no querer irme, uno está en el lugar donde las cosas le agradan y mí lo cultural, la música, nuestra tradición es lo que me llama y por esa razón estoy acá.

Sucesos vividos fue una catarsis familiar, pues aportaron a su construcción todos los integrantes del grupo, a lo largo de un mes se construyó esa canción con una idea: “Que dé un impacto, que sirva, que dé un mensaje (...) esa canción es una resistencia, porque le canto a Colombia, a la paz, a los niños y eso es muy importante para nosotros”.

Yovani tiene la intención de cantar hasta que el país cambie y cree que con Remolinos de Ovejas colabora a ello:

— Ojalá haya una Colombia mejor donde no haya conflicto, donde todos podamos vivir en armonía.