Luisa perea

Cantaora de Bullerengues para la paz

Yo pienso que con cantar no le hago daño a nadie

Antes de caer la noche en la tierra del banano y el sol, 50 muchachitos sudados, salen de una pequeña casa en el barrio Obrero, al oriente de Apartadó. En la puerta los despide la mujer de una resistencia musical reciente pero de un temple eterno.

 

Luisa Perea Allín es la maestra, amiga y segunda madre de 50 niños y niñas que, desde la sala de su casa, al ritmo de un buen bullerengue se alejan de la violencia en el Urabá.

 

 En sentao o en fandango, el bullerengue se escucha hasta la avenida Alfonso López, a dos cuadras de su casa. Luisa Perea tiene 52 años, lleva poco más de tres años dedicándose a la música y a sus niños, pero toda su vida luchando por salir adelante. Ella tiene tantos trabajos como si de una mujer de 23 años se tratara: modista, bullerenguera, vendedora de tamales, alisadora de cabellos, diseñadora, artesana, creadora de juguetes, ama de casa y estudiante 

 

 -A mí es que no me alcanza el día, yo me levanto a las tres de la mañana y estoy que no doy a las 9 de la noche.

Su vida siempre ha sido así de agotadora desde que llegó de Vigía del Fuerte desplazada por la violencia. Al llegar a Apartadó, a finales de los años ochenta, invadió un lote en lo que ahora es el barrio Obrero, un sector  popular en la ciudad más poblada del Urabá Antioqueño. 

Desde finales de los ochenta y luego de la ruptura con su primera pareja, hizo de todo para sacar a sus cinco hijos adelante. Entre tanto rebusque ella elabora sus propios productos para vender. Recursiva como ella sola.

Los más curiosos son aquellos individuales, carteras y portavasos que fabrica a partir de la calceta de plátano que retira del tronco de la mata de plátano. Los seca, los esteriliza, los estira y luego los urde para hacer sus artesanías

 

Sin embargo, su oficio más reciente es el de bullerenguera. Desde 2016 va de calle en calle llamando a los hijos de sus vecinos para rescatarlos de tantos peligros:

 

Yo miro que puede ser una estrategia metodológica que puedo estar utilizando para rescatarlos, porque se están perdiendo, algunos a temprana edad se están metiendo a la drogadicción. Hay otros que les gusta practicar el vicio, lo fuman o hacen los mandados comprando. 

 

Ahora la estrecha sala de su casa es la sede de la Escuela Luisa Perea. Allí, entre las cortinas elaboradas con tapas de plástico, una estantería con varias decenas de vasos y una cocina que brilla de lo pulidas que están las ollas - que curiosamente cuelgan en la pared-.

Ensayan en las tardes o  a veces los fines de semana. En las noches, Luisa  se dedica a la máquina de coser hasta que el sueño la llama, pero entre tanto desvelo y vestido por confeccionar descubrió que el canto es su gran amigo en la vida.


Cantar para mí es expresar mis sentimientos, es un sentir muy grande en mi vida cotidiana porque a través de la música que me hace inspirar, me hace sentir como persona, me hace conmover y eso es algo muy grandioso.

 

Usualmente sus composiciones surgen cuando cose porque mientras lo hace, recuerda sus años lavando a las orillas del río Atrato, piensa en su juventud y en su familia, en su pueblo y sus años antes de irse.

Cuando Luisa decidió que cantar iba a ser su gran oficio, su primera canción nació, el orgullo de mi pueblo, pensando en su Vigía del Fuerte.

Desde entonces, no para de escribir canciones, cuando termina sus versos y se la canta a sus estudiantes y a su familia, va a la Registraría para formalizar su autoría ante la ley.

Luisa  lucha por la juventud y  no cuenta con muchos aliados. Incluso la violencia sigue limitando su misión.  El domingo 22 de octubre de 2019, el grupo y su maestra Luisa estaban invitados a Puerto Girón a tres hora de donde vive para realizar una presentación, la jornada empezó a las 8:00 de la mañana, el transporte no llegaba. A las 9:00 de la mañana no le daban razón del bus donde nos transportaríamos. Los niños ya se habían gastado el dinero del día en chucherías, media hora más tarde  por fin le dieron explicaciones:

 

“Amenazaron a los transportadores y ellos dijeron que por allá no iban”.

 

Una vez más la mano de violencia había ganado una pequeña batalla, una contra la paz. “Yo quería ir” “Esa madrugadota que me pegué” “No hubiera venido” algunas de los reproches que caían sobre los hombros de la señora Luisa.

 

“Así son las cosas por acá, pero bueno, toca seguir dándole”.

Pensar en la mano violenta que toma a la sociedad, la lleva a pensar en el 23 de enero de 1994. Aquel día acribillaron a 35 personas inocentes en el barrio La Chinita, Luisa Perea escuchó todo y aunque ella no perdió a nadie, sí vivió y conoció de cerca el dolor de todos sus vecinos. A partir de ese suceso creó nosotros queremos paz, con el propósito de cantarle a “una Colombia de paz” ella es consciente de que “ no solo yo pido la paz, muchas personas pedimos la paz”. 

 

Luisa Perea no se cansará de pedir la paz con sus cantos y de construir la paz con sus niños. Mientras tanto seguirá cosiendo, bailando, cantando en una tierra donde pronto la paz llegará más rápido que el sol.

-Nosotros queremos paz.