Jairo ojeda

- Cantante para niños y 'exniños' -

Decidí cantar porque uno descubre que ese lenguaje es una manera hermosa de hermanar con la vida.

Desde los años setenta busca ‘en-cantar’. Lo suyo son las palabras y las composiciones musicales dedicadas a los niños. Ojeda es considerado como el pionero y padre de la canción Infantil colombiana.

Este antropólogo por formación, pero músico por amor e inventor por  convicción se ha dedicado a la canción desde hace cuarenta años, sus álbumes Todos podemos cantar y A la una la laguna están marcados por frases que dejan ver el alma de niño que posee Jairo Ojeda.

La música ha sido una constante desde que era un chico, al igual que la violencia. 

Ojeda nació en el sur del Cauca, en Mercaderes, el mismo año del 'Bogotazo', hecho que afectó a todo el país y sus consecuencias hicieron a Jairo conocer desde muy niño el significado de la guerra. Comenzó a tocar y a cantar después de los diez años,  desde que lo hace siempre ha creído que:

Estamos inmersos en un especie de  vórtice de violencia y de dolor que nos afecta a todos de una u otra forma

A sus 71 años  es un rebuscador de palabras, en la pequeña sala de su apartamento crea las canciones que por décadas lo han llevado a ser el padre de la música para niños, siempre lleva consigo una guitarra clásica imponente y hermosa, la amiga que lo acompaña desde hace dos décadas y con la que urde las tonadas más encantadoras para los chicos. Como ese rebuscador del vocablo, el maestro Ojeda  no solo habla de ‘en-cantar’ sino de ‘exniños’ —esos adultos que con el tiempo dejaron de lado todo lo sensible que tiene un niño—. 

A pesar de poseer cientos de canciones para niños también canta con un mensaje político y sensible para los ‘exniños’. Aquellos cantos fueron tachados como de izquierda, comunistas o incluso guerrilleros. Luego de vivir en Bogotá varios años, hace tres, se trasladó a Cali, por su posición política, sus ideas, sus letras y sus cantos fue perseguido.

 

Desde que recuerda siempre ha enseñado, está en su ser educar y para él el hecho de cantar es una manera de:

— Hermanar con la vida, porque es palabra y lenguaje que se puede replicar, aceptar o rechazar, que configura nuestros pensamientos y nuestro sentir cuando lo expresamos o escuchamos en una canción.

 El maestro Jairo siente una enorme responsabilidad con la paz de Colombia, él considera que todos los colombianos somos víctimas del conflicto armado y que también es nuestro compromiso aportar a la solución de ese “aquello” —como le dice— en el país.

   

 

 

Aquella tarea por la paz él la cumple con sus letras y su voz, afirma con toda seguridad: “Yo no me salvo, nadie se salva si este país continúa de esta forma”. Para él no todos piensan en ese compromiso, sin embargo, tiene la esperanza de que “podemos cambiar este país y volverlo amable”.

Todos somos víctimas de lo que está pasando en nuestro país, tanto porque seas víctima o porque todo el ambiente que se crea alrededor del dolor, de la pérdida, de la desaparición queramos o no, nos afecta (...) incluso los que están por nacer, ya son víctimas de ese ambiente.

Esa conciencia y esa esperanza están presenten en todas sus cantos, al crear La misma historia, una composición que cuenta la situación del campesino colombiano que por culpa del desplazamiento forzado debe abandonar sus tierras y sus sueños, él se pregunta: ¿Por qué seguimos en la misma línea? ¿Por qué no cambiar si depende de nosotros los cambios sociales? Sus letras son siempre una invitación a la reflexión con una carga de conciencia social.

Esa canción tiene un fondo histórico, es ver a un hombre o a una mujer arrastrando un saco lleno de basura y darnos cuenta que ellos eran campesinos, que tenían su hogar y que por la violencia, por el conflicto se fueron para la ciudad.

— Le canto a nuestro país porque confío en que todos nosotros debemos transformar esta situación de violencia. Este país es el más hermoso si quieres, pero es la actuación de determinados grupos lo que lo lleva al  detrimento.

Jairo Ojeda ha recibido homenajes por sus años de cantautor y gestor en pro de la paz, en el año 2018 la versión XXVI del Festival de Coros Integración le rindió un homenaje: “Eso te da esperanza, que no estás solo, que si bien hay un discurso que oscurece el paisaje, también hay una fuerza que vislumbra otros horizontes”.

Para él ese horizonte está en la paz y es ahí donde cree que  una canción es resistencia:

—Una canción, una voz que dice no, que renuncia, es una forma de resistencia porque es una oposición, una denuncia ante el dolor, cuando yo denuncio el dolor con mi canción es porque es una actitud de rechazo, una voz que se levanta. Es una forma de resistencia”.

  Y él se resiste, pero cree importante que esas resistencias y esas voces no lleven odio, que no se dejen contaminar por lo mismo a lo que se oponen. Cree que la palabra tiene un poder profundo en la sociedad y recuerda una historia:


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con esa anécdota Jairo Ojeda deja claro que el lenguaje del niño y el campesino no son distantes el uno del otro, para él son lenguajes nobles, humildes y sencillos, por eso es que Ojeda como ese hombre inquieto e incansable hace de todo con muy poco. Es todo un Melquíades para niños, uno que llega a sus vidas con música, cantos y cuentos, pero también con inventos. Entre esa lucha por resistirse y aportar a la paz, este Melquíades de la palabra busca educar a la niñez desde muy temprano:

— Si asumimos la infancia cómo debe ser, este país cambia, ojalá esta violencia sea un problema generacional. 

Preocupado siempre ha tenido idea de darle voz y palabra a los niños, creó una imprenta infantil, una herramienta donde ellos con el menor de los esfuerzos comiencen a contar su realidad, a construir sus primeros cuentos y libros:

— A mí me duele que un niña que puede ser mi nieta, mi hija, no tengan la posibilidad de desarrollar a plenitud su personalidad, su inteligencia, sus condiciones básicas por culpa del conflicto. 

Desde que vive en  Cali, casi que como un niño que va descubriendo lo desconocido, se sumergió en la labor de inventor, carpintero y ebanista,  Ojeda me dice que es guiado por una sola idea: 

 

— Podemos cambiar este país, volverlo amable. ¿Yo? con la canción, pero otras personas desde la multiplicidad de oficios y pareceres, pueden contribuir a un mismo fin: la paz.

 

Cerca de Cristo, del Cristo de Cali, tiene un taller, aquella casa arrimada a una loma tiene una vista que deja analizar todo la ciudad. Cuando no está ‘en-cantando’ con la palabra, está en el taller. Busca darle al niño la capacidad de imprimir manualmente sus ideas y sus sentimientos, y aunque su imprenta esté en una fase de desarrollo, porque cada día descubre algo nuevo por hacerle, Ojeda espera que su imprenta infantil tenga cabida en las aulas. Mientras tanto seguirá cantando, porque:

 

 

Una mujer campesina fue al doctor.

Una vez allí el doctor le preguntó:

 - Bueno, sumercé ¿Qué tiene?

Ella tranquilamente le responde:

 -Dos vacas.

El doctor no entendía, entonces le dijo:

 -No señora, ¿Qué le duele?

Ella le respondió:

 -Que usted se va a quedar con ellas